Gente como usted que se defendió y ganó


El fraude de seguros es un delito costoso contra todos nosotros. Pero el ciudadano común como usted puede hacer mucho para detener a los que hacen trampas con seguros, y también protegerse y ayudar a controlar las primas que pagamos todos. Queremos compartir con usted algunas historias de la vida real sobre cómo personas interesadas se defendieron y ganaron. Son personas como todos que se interesaron. Lea sus historias y lo inspirarán.

Hogar dulce …fraude
Las visitas del médico en la casa en general son sólo un recuerdo de épocas pasadas. Pero cuando las autoridades federales estudiaron los registros de facturación del cardiólogo Dr. Krishnaswami Sriram vieron un superhombre que nunca dejó de hacer una visita a domicilio ni rechazó un problema del corazón. Sus visitas a la casa y el servicio esmerado que le brindaba a los pacientes de edad avanzada en la zona de Chicago desafiaron toda tempestad intransitable, el tránsito embotellado y la resistencia humana. Sriram facturó a Medicare miles de visitas a pacientes que nunca ocurrieron, según creen las autoridades federales. Lo descubrió un grupo de personas mayores que vieron las facturas y no pudieron creer sus ojos. Oprima aquí para ver más detalles.

Venganza de una víctima de fraude
Cuando Sherri Holder se vio perjudicada en una estafa de seguro, decidió que la mejor venganza era la acción ciudadana. Después de que dos personas robaron su Lexus cuando le pagaron con un cheque de seguro fraudulento, la empleada de UPS los siguió por todo el condado y llevó a la policía adonde estaba el auto robado. Holder se enojó y se vengó. Oprima aquí para ver más detalles.

Cómo no “Lo” pensó
Cuando Matthew Lewin fue a la estación de policía en Lawrence, Mass. una mañana de junio para denunciar el robo de su automóvil, debe haber creído que había cometido el crimen perfecto: desarmar el auto, vender los repuestos, desechar la carrocería en alguna parte y presentar una reclamación bien gordita. Todo parecía fácil, pero no fue así. Sin que Lewin ni la policía lo supieran, su novia había instalado un pequeño aparato electrónico de rastreo en su auto llamado Lo-Jack. Oprima aquí para ver más detalles.

Limpiadora limpiada
Wanda Leonard se dio cuenta de que había actuado mal cuando vio el presagioso cartel en una carretera de Pennsylvania. El altísimo letrero mostraba una celda fría y deprimente con el mensaje, “Cometa fraude de seguro y disfrute de una vida de lujo”. Acosada por la culpa, Leonard llamó a su compañía de seguro y retiró una reclamación ilegal que había presentado cuatro días antes por su compañía de limpieza, Ms. Detail. Oprima aquí para ver más detalles.

Su conciencia cuáquera descubrió la estafa en los hospitales
Rick Newbold creó un programa de computadora que recolecta información sobre tendencias en el tratamiento de neumonía de hospitales clientes. El programa del asesor de la zona de Filadelfia descubrió un alza súbita en un cierto tipo de neumonía poco común que puede poner en peligro la vida. Newbold, cuáquero creyente, se dio cuenta que los hospitales estaban simulando los casos para cobrarle a Medicare, Blue Cross y otros programas financiados por los contribuyentes millones de dólares más por el tratamiento de una enfermedad peor de lo que los pacientes sufrían en realidad. La conciencia cuáquera de Newbold no pudo permitir esas estafas, por lo que presentó una demanda por fraude contra 100 hospitales como denunciante federal. Las autoridades federales se unieron a la demanda, que sacudió a la industria hospitalaria y descubrió prácticas deshonestas en todo Estados Unidos. Por cierto, HCA-The Healthcare Company llegó a un arreglo por la exorbitante suma de $745 millones, el más grande de su tipo que se haya concretado. La conciencia de Newbold también lo convirtió en un multimillonario. Como denunciante federal, recibe una parte del monto recuperado; entre 5 y 9 millones sólo de HCA. “Soy un hombre peligroso”, Newbold le dijo a la revista Philadelphia Inquirer. “No tengo delirio de grandeza. Tengo delirio de relevancia”.


Hogar dulce… fraude

Las visitas del médico en la casa en general son sólo un recuerdo de épocas pasadas. Pero cuando las autoridades federales estudiaron los registros de facturación del cardiólogo Dr. Krishnaswami Sriram vieron un superhombre que nunca dejó de hacer una visita a domicilio ni rechazó un problema del corazón.

Sus visitas a la casa y el servicio esmerado que les brindaba a los pacientes de edad avanzada en la zona de Chicago desafiaron tempestades intransitables, el tránsito embotellado, la resistencia humana y hasta el mismo continuo del tiempo-espacio.

De ser así, se tendrán que volver a escribir los libros de física.

Las autoridades federales no creen que sea así; dicen que Sriram estafó a los contribuyentes facturando a Medicare miles de visitas a pacientes que nunca ocurrieron.

Sriram se especializa en visitas a domicilio de pacientes mayores de edad. Aunque podría terminar convenciendo al tribunal que los cargos no tienen validez, Sriram tendrá que explicar algunas visitas muy raras.

Por ejemplo, cómo fue que visitó la casa de 31 pacientes y atendió a otros 18 en hospitales y clínicas de convalecencia el día de 1999 en que Chicago se vio paralizado por 18 pulgadas de nieve.

O cómo fue que atendió a 32 pacientes; después de que todos habían muerto.

O días de trabajo de 70 horas.

Y aquella ocasión en la Sriram fue a visitar el domicilio de 131 personas mayores en un sólo día memorable, según los cargos de las autoridades federales. En total, ese día atendió a 187 personas mayores y, por una notable coincidencia, 178 de sus pacientes tuvieron exactamente el mismo diagnóstico: insuficiencia cardiaca congestiva. Y para mayor casualidad, 70 de ellos tenían la misma dirección, la de él. De esta forma se aseguró que la documentación de Medicare fuera dirigida a la casa de él directamente en lugar de la de los pacientes.

Sriram atendió a otros 380 pacientes en otro período de tres días. Sin mencionar a los 90 que atendió el feriado de Labor Day en 1997.

O los 50 pacientes por día que atendió en 90 días separados.

Según las autoridades, Sriram reunió una larga lista de pacientes fantasmas tomando nombres durante exámenes gratuitos de detección que se realizaron en establecimientos para personas de edad avanzada y en clínicas de recuperación privadas en la zona de Chicago.

Se confió que los pacientes ya mayores estuvieran demasiado confundidos u olvidadizos como para contradecir las reclamaciones falsas, indican las autoridades federales.

Pues, la gran sorpresa fue que varios de los supuestos ancianos desorientados estudiaron detenidamente los estados de cuenta que les envía todos los meses Medicare y vieron que las cifras no tenían sentido.

Llamaron a la línea directa contra el fraude que mantiene Wisconsin Physician Services, lo que puso a la FBI a la pista de Sriram.

La ironía fue que el médico que hacía visitas a domicilio tuvo que embargar su casa y $3.1 millones de dólares en inversiones para evitar que huyera al domicilio que tal vez fuera más importante para él; la India, su país de origen.


Cómo no “Lo” pensó

Cuando Matthew Lewin fue a la estación de policía en Lawrence, Mass. una mañana de junio para denunciar el robo de su automóvil, debe haber creído que había cometido el crimen perfecto: desarmar el auto, vender los repuestos, desechar la carrocería en alguna parte y presentar una reclamación bien gordita.

Todo parecía fácil, pero no fue así. Sin que Lewin ni la policía lo supieran, su novia había instalado, como protección de rutina, un pequeño aparato electrónico de rastreo en su auto llamado Lo-Jack.

Cuando Lewin denunció a la policía el robo de su Nissan cupé 240SX 1991, comenzaron a suceder un montón de extrañas coincidencias.

Primero, la policía comenzó a recibir repentinamente una señal de Lo-Jack, lo que quería decir que un auto robado estaba gritando auxilio cerca de ahí.

Y cuál fue la sorpresa, el código trasmitido pertenecía a un Nissan cupé 240SX negro.

Luego por algún motivo, la señal llevó a la policía a una compañía de grúas local. Cuando le dijeron que no tenían un Nissan negro guardado en el lugar, la policía se fue, pero regresó rápido cuando se dieron cuenta que la señal del Lo-Jack estaba cada vez más débil.

Lewin tuvo tal mala suerte que cuando la policía regresó, él estaba parado al frente del lugar. Esta última coincidencia fue el colmo. Después de descubrir que Lewin trabajaba en la compañía de grúas, la policía revisó más detenidamente el lugar y descubrieron el Nissan en la parte de atrás, completamente desmantelado.

La mala suerte lo perseguía: Cuando la policía lo llevó a Lewin a su departamento para que les mostrara su identificación, encontraron dos paneles de puerta, un asiento deportivo y el asiento trasero del Nissan “robado”.

Gracias al trasmisor del Lo-Jack, Lewin está acusado de presentar una denuncia falsa e intento de defraudación de una compañía de seguro. La policía no ha presentado cargos contra la novia de él todavía.

El pobre de Lewin no sabía que el auto tenía un aparato rastreador cuando presentó la reclamación al seguro. Aunque todavía no fue declarado culpable, la fiscalía sin duda le va a preguntar varias veces en el tribunal, “¿Cómo no “Lo” pensó?


Venganza de una víctima de fraude

Cuando Sherri Holder se vio perjudicada en una estafa de seguro, decidió que la mejor venganza era la acción ciudadana. Después de que dos personas robaron su Lexus cuando le pagaron con un cheque de seguro fraudulento, la empleada de UPS los siguió por todo el condado y llevó a la policía adonde estaba el auto robado.

Holder se enojó y se vengó.

La aventura comenzó cuando puso un aviso en el periódico para vender su Lexus 1992 dorado. Respondió una pareja amable y conversadora. Todos se reunieron en el estacionamiento de Steak n Shake cerca de un centro comercial. La pareja parecía ser respetable. Probaron el auto de Holder, hicieron muchas preguntas y le entregaron un cheque de $6,000 de una compañía de seguro.

La esposa había dejado el auto irreparable en un choque hacía poco y este cheque era por el pago de indemnización que el agente de seguro de la pareja iba a endosarle a Holder, le aseguró el hombre que se hizo llamar Bob Jones.

El cheque parecía oficial. Tenía la apariencia apropiada y llevaba el nombre de un agente y una compañía de seguro. Holder lo depositó sin incidente, con la confianza de que había hecho un buen negocio.

Pero el banco la llamó una semana después. La aseguradora había notado un número de reclamación falso y notificó al banco.

El cheque de $6,000 de Holder era falso. Ella no tenía ni el auto ni el dinero.

Pero “Jones” no era un maleante demasiado astuto. Eligió mal al querer estafar a esta mujer, dejó un montón de pistas, y pagó el precio por su dejadez.

Lo increíble fue que él le había dado su teléfono a Holder durante las charlas iniciales, y nunca se le ocurrió que ella podría rastrear el número después de haberla estafado tan descaradamente.

Holder no perdió esa oportunidad. Se dio cuenta de que se había olvidado de darle la llave de repuesto a la pareja y lo llamó para pedirle la dirección donde enviarla. Aun más increíble fue que él mordió el anzuelo y se la dio.

Holder y unos amigos hicieron dos viajes a la casa de la pareja antes de que finalmente encontraran el Lexus de ella estacionado en la puerta. Ella llamó a la policía del condado con su teléfono móvil, pero la pareja huyó antes de que llegara la policía.

Holder siguió a su auto robado, relatando a la operadora de la policía de DeKalb paso por paso la ruta que tomaba y ésta a su vez lo trasmitía por la radio policial. Poco después, la policía alcanzó al Lexus, lo acorraló y arrestó a la pareja.

James Riley (su nombre verdadero) está atascado en la cárcel del Condado de DeKalb por no poder pagar la fianza de $15,000. Fabarage Washington pagó la fianza. Los cargos son varios, entre ellos, falsificación. Como es natural, Riley y Washington tendrán la oportunidad de convencer al tribunal que son inocentes y el cheque falsificado fue sólo un error inocente.

En realidad, queda en duda que una persona común como Holder deba perseguir posibles estafadores peligrosos. Pero por lo menos esta vez, Holder demostró que la acción decisiva de una persona puede asistir a la justicia.

Pero con toda su valentía y habilidad para investigar, sin embargo, es posible que lo mejor que sacó Holder de esto es su nueva actitud. Es mejor evitar caer en las redes de una trampa que perseguir por toda la ciudad a los estafadores.

“No se debe desconfiar de todo el mundo, pero esto me hizo así”, dijo Holder.


Limpiadora limpiada

Wanda Leonard se dio cuenta que había actuado mal cuando vio el presagioso cartel en una carretera de Pennsylvania. El altísimo letrero mostraba una celda fría y deprimente con el mensaje, “Cometa fraude de seguro y disfrute de una vida de lujo”.

Acosada por la culpa, Leonard llamó a su compañía de seguro y retiró una reclamación ilegal que había presentado cuatro días antes por su compañía de limpieza, Ms. Detail.

Aparentemente Leonard había derramado café durante la limpieza del dormitorio principal de un cliente. Irritada y alterada, trató de limpiar la alfombra con blanqueador pero se puso amarilla. Leonard acababa de sacar una póliza de seguro, por lo que presentó una reclamación por la mancha aunque el accidente ocurrió antes de que hubiera obtenido la cobertura.

“Estaba nerviosa. Saqué la botella de blanqueador. Mi mayor miedo era perder el cliente”, dijo.

Pero luego se encontró con el gran cartel amenazador que prometía castigos y penitencias al pobre diablo que agarraran cometiendo fraude de seguro. Fue demasiado para Leonard, que en ese instante cambió de parecer y no cometió el delito.

El cartel formaba parte de una campaña informativa en todo el estado por parte de la Pennsylvania Insurance Prevention Authority. Ellos sabían que el mensaje que daban era fuerte, pero no se imaginaron que sólo el cartel podía hacer que los estafadores huyeran despavoridos.

A Leonard le presentaron cargos de fraude de seguro a pesar de su arrepentimiento, y se declaró culpable de presentar una reclamación de seguro falsa. Pero en lugar de ser multada o ir a la cárcel, un juez comprensivo le dio una sentencia de sólo 12 meses de castigo sin supervisión.

Por lo que el caso de la limpiadora que se arrepintió terminó bien para todos, gracias al cártel amenazador: La compañía de seguros resolvió el caso, las autoridades se hicieron entender, el juez hizo justicia y Wanda Leonard tiene la conciencia limpia.